Damas y caballeros, estáis todos invitados a mi gran evento, a mi aniversario de nacimiento número veinte. El tiempo pasa, y parece mentira que ya lleve tres años con todos vosotros. Y este cumpleaños es especial porque con 20 años Jane Austen escribió mi libro favorito, Orgullo y Prejuicio y 20 años tenía mi heroína literaria preferida Lizzy Bennet.

Queridas mías pasad a mi celebración en esta casa solariega llamada Rincón de Jane Austen que por unas horas pasará a llamarse Pemberly. Podéis acudir en el medio que prefiráis, a pie, a caballo, en carruaje o calesa. Eso si, atabiadas con vuestras mejores vestidos de baile, guantes y peinados. ¡No escatiméis en gastos!
Por favor maravillaos con los altos arboles que franquean el camino, con los estanques de aguas cristalinas y con los verdes jardines de naturaleza salvaje, porque por un día todo es nuestro. Por un dia Pemberly nos pertenece.
Los caballeros están llegando tras los carruajes, como corresponde, al galope en sus briosos corceles, y ataviados de terciopelo azul o de color escarlata los soldados de la milicia. ¡Pero no os quedéis enbobadas mirándolos! ¡compostura, aunque cueste! tenéis toda la noche para fantasear con ellos.

En esta feliz velada mientras jóvenes como Mary Bennet nos muestran su talento al piano, podréis cotillear y criticar todo lo que queráis a Lady Catherine y como no a Mr Collins Tranquilos, están demasiado preocupados en si mismos como para percatarse de ello.

Podéis comer y beber, pero cuidado no os extendáis demasiado con lo último o podréis acabar como Lydia. Seréis presentadas a quien os plazca, nos os preocupeis yo lo haré pues conozco a cada caballero y dama de baja y alta cuna que se encuentra en el salón como lo haría el Señor Lucas.
Podéis contemplar y hacer vuestras apuestas sobre los caballeros plantados en la sala, que intentan decidirse y conseguir el valor suficiente para pediros una pieza. ¿Puedo daros un consejo? Evitad al bajito.

Recordad, en caso de que un caballero se aventure a cortejarnos en el noble arte del baile no debemos ponernos nerviosas, ante todo primero reverencia : inclinamos la cabeza y nos recogemos las faldas de muselina. Todo con mucho decoro.
La música suena, los primeros acordes enérgicos del violín rasgan el caluroso aire de la aglomerada habitación. Tomad de la mano enguantada a vuestra pareja y tomad posiciones, la música es movidita y ahora toca: ¡BAILAR!
Tras tanto salto hemos quedado extenuadas, aplaudimos cortésmente a los músicos por el agradable momento que nos han proporcionado y nos despedimos con miradas cómplices de nuestra parejas de baile
¿Que tal ahora si nos concedemos un momento para tomar el fresco aire de la noche en el balcón?

¡Pero mira quien esta ahí! El pobre Bingley se ha ruborizado ante nuestra presencia, es de entender ya que somos muchas austenianas. No os abalanceis todas a la vez hacia él o saldrá corriendo.
Llegó la hora de los regalos de cumpleaños. Para mi vuestra presencia ya es un regalo, pero nunca viene mal un vestido de muselina nuevo, un bonito sombrero de fieltro u otra de esas apasionantes novelas góticas que tanto furor están causando jejeje
La fiesta ha continuado durante toda la noche, los bailes se han sucedido uno tras de otro y las austenianas están rebosantes de felicidad, pero los trémulos rayos del alba empiezan a despuntar, amenazando el hechizo cautivador nocturno.
Ahora toca serenarse, recobrar la compostura y despedirse de las nuevas y maravillosas amistades que hemos descubierto. Hay que subirse a los carruajes que nos devolveran a nuestras moradas, aunque muchas austenianas no podréis evitar quedar rendidas ante el cansancio antes de llegar a estas.

Yo os espero el año que viene, con la misma ilusión que ahora, y me despido con brevedad de vosotras. No por descortesía, si no porque acabo de ver a Mr Darcy colina abajo......

y no pienso dejarle escapar.




